miércoles, 16 de abril de 2014

Los Biocatalizadores Divinos

Nota: Desconozco el autor de esta monografía

Introducción
En esta monografía pretendo dar un repaso a algunas de las culturas que han utilizado sustancias visionarias (alucinógenos, psiquedélicos, enteógenos y disociativos) y valorar algunas hipótesis acerca del consumo de plantas y hongos visionarios en la actualidad en un contexto ritual. Para ello he elegido tres casos particulares: los misterios de Eleusis, en la antigua Grecia, y las diversas hipótesis acerca de la composición del kykeon, la bebida sagrada; el hongo Amanita Muscaria, extendido por todo el hemisferio norte y que se encuentra en muchas culturas muy diferentes; y los visionarios consumidos por las civilizaciones precolombinas, muchos y variados, donde por la cercanía temporal se puede apreciar mejor el impacto de estas plantas y hongos en la cultura y las creencias de estos pueblos. 
Basándome en esos tres casos particulares pretendo demostrar la importancia del consumo de estas plantas y hongos en la religión y la cultura de estos pueblos. La escasez de fuentes debido al carácter ilegal de la mayoría de estas sustancias, así como la escasa disponibilidad de muchas de estas me ha dificultado la labor; lo que en otras culturas es considerado sagrado o medicinal, es visto en occidente como un tema tabú. Igual que un cuchillo o una llama, no son buenas o malas en sí mismas, sino que depende del uso que se les dé, y desde luego es mucho más fácil usar mal cualquier cosa desde el terreno de la ignorancia.
Antes de comenzar con los casos concretos, me gustaría aclarar en particular el uso de tres términos usados en la monografía, muchas veces usados como sinónimos, pero con connotaciones diferentes: alucinógeno, enteógeno y psiquedélico. La mayoría de estas sustancias son consideradas simplemente alucinógenos, dando a la palabra alucinación un significado muy amplio (incluyendo distorsión como alucinación). He utilizado el término alucinógeno para referirme a aquellas sustancias que causan verdaderas alucinaciones, es decir, percepciones sin objeto. El término enteógeno (usado por primera vez en el Journal of Psychedelic drugs vol. II, números 1 y 2, enero-junio 1979, en un artículo de R. Gordon Wasson, Carl A.P. Ruck, Jonathan Ott y otros) es utilizado para referirse a las plantas y hongos que son capaces de producir una sensación difícilmente clasificable, cuya mejor aproximación podía ser “revelación divina”, curiosamente adaptada a las creencias del consumidor de la sustancia. Por último, utilizo el término psiquedélico (psicodélico, acuñado por el psiquiatra británico Humphry F. Osmond) para hacer referencia a las sustancias capaces de producir experiencias de introspección en las que, o el individuo se encierra en su propio “mundo interior” para recorrerlo desde la posición de un observador neutral (mayor o menor supresión del ego), o bien el recorrido se realiza por el exterior, del mismo modo desde una posición más o menos neutral. 
Aunque la mayoría de las sustancias descritas en esta monografía podían perfectamente encajar con cualquiera de los tres términos (de dos de ellos al menos), he decidido diferenciarlos aplicando los tres términos a las tres principales familias de visionarios según los Shulguin (1): tropanos como alucinógenos, pues causan verdaderas percepciones sin objeto alguno, y el efecto enteogénico o psiquedélico es más leve o está ausente; fenetilaminas como enteógenos, ya que provocan con frecuencia experiencias religiosas (fundamentalmente las fenetilaminas naturales, la mayoría de las creadas en laboratorio son estimulantes), y triptaminas como psiquedélicos, pues estas son las que más fácilmente provocan viajes interiores y exteriores (de ahí su nombre, trip-t-aminas, las
aminas de viaje).






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